El Bayern pone un Real peligro
abril 18th, 2012 by Gustavo Rojas Bogarín
BAYERN 2 – REAL MADRID 1. Un Allianz Arena rojo, repleto e hirviendo. Así imagina el madridista el infierno. Y así lo vivió por enésima vez. El Madrid no pudo agarrarse a Cristiano, ni a Özil, ni a Di María y resultó un estrepitoso fracaso la insistencia de Mourinho en Coentrao como lateral izquierdo. Le sujetaron hasta el minuto 89 la inesperada madurez de Benzema y dos centrales heroicos, con nervio, colocación e inteligencia. Pero el Bayern, que mantiene los jugadores feroces, malhumorados e hipermotivados de siempre, llegará a Madrid en ventaja gracias a un tanto de Mario Gómez en los postres. El resultado tomó apariencia, en algún momento, de mal menor.
El partido fue y vino. Y esos cambios de tiempo son especialmente perjudiciales en Múnich. Porque con mejores y con peores equipos, el Bayern siempre sacó mucho partido de los momentos de excitación, aquellos en los que el duelo se convierte en un gallinero. Y tuvo la fortuna de hacer blanco en la primera ocasión que se le presentó. Ribery se encontró una pelota perdida que no acertó a despejar Ramos y tocó en Badstuber para enganchar un bote pronto incontestable. Una estocada corta que validó el ‘óptimo’ Webb pese al flagrante fuera de juego de Luiz Gustavo, cuya presencia en la línea de disparo despistó a Casillas. Fallaron el teatral inglés y su auxiliar para dejar mal al técnico blanco en la víspera. Se le fue la mano en los elogios, por ese lance y por otros, como todos sospechábamos.
Antes de aquel accidente hubo un Madrid y después otro, peor, dividido y descompuesto que sufrió en Múnich como en tiempos pasados menos gloriosos. Antes, en cambio, ofreció un aire dominante, pelota en mano, bien armado y que plantó a Benzema ante Neuer. El zapatazo del francés lo adivinó el alemán. En esos minutos de gracia le sobraron la hiperactividad sin luces de Di María y la indolencia de Özil, cuya belleza en el juego servida en frío no cuaja en ambientes como el del Allianz Arena.
El después cogió al Madrid aturdido y confundido, a menudo sin vuelta, con el equipo partido en dos y expuesto a las salidas con sentido de Kroos, que le quitó la plaza a Múller. Heynckes se inclinó por él porque tramita mejor el juego aunque luce menos como llegador. A ratos asomaron Ribery y Robben, jugadores de inspiración sin demasiada constancia pero con mucho filo. También Mario Gómez se vio una vez ante Casillas, que se le hizo gigantesco.
El Madrid respondió sin continuidad. Dos latigazos de Cristiano, una llegada de Benzema, varias arrancadas inconclusas de Di María. Demasiada conducción, pocos desmarques y menos peligro. El intercambio de papeles entre Di María y Özil no benefició ni a uno, desorientado como mediapunta, ni a otro, ahogado en la derecha. Lo mejor estuvo atrás, con Pepe y Sergio Ramos despiertos (salvo en el gol), muy mal acompañados por Coentrao, cuya superioridad para contener sobre Marcelo aún está por demostrar. Khedira, en cambio, tuvo más quite de lo habitual.
Del vestuario regresó un Madrid con mejores convicciones. También con el viento de cola de un gol. Cristiano erró increíblemente en las barbas de Neuer, pero el cartero llamó dos veces a su puerta, porque Benzema, que ya había iniciado la primera jugada, retomó la segunda, puso la pelota en el segundo palo y Cristiano se la regaló a Özil a puerta vacía. Un empate que premió la insistencia del francés, pero no sosegó el ánimo del Madrid ni le entregó el volante del partido.
Al contrario, le encerró ante el empuje del Bayern, cuyo orgullo está por encima de cualquier época. Robben se comió a Coentrao de pitón a rabo, Heynckes echó mano de la pegada de Múller, Lahm comenzó a alargarse y Gómez tomó el fusil, primero sin tino y luego con él. El Madrid quedó a merced del Bayern, únicamente protegido por el heroísmo de Sergio Ramos y el buen sentido de Pepe.
Mourinho dio un paso atrás, metió a Marcelo por delante de Coentrao, doblando la guardia sobre Robben, y retirando a Özil, cuyo talento es de porcelana. No hubo reacción. Tampoco con la entrada de Granero. Mario Gómez dejó pasar dos ocasiones estupendas y Müller ofreció alguna carga inquietante. La pelota fue del Bayern y sólo Benzema, en un partido con oficio, de nuevo maduro, le dio alguna salida al Madrid. El partido se mudó a las narices de Casillas y allí acabó apareciendo Mario Gómez para sentenciar después de que Lahm dejase de nuevo en mal lugar a Coentrao. El Bernabéu exigirá otro Madrid.
(luis nieto -as)
DETALLES
Estadio Allianz Arena en Munich
Árbitro: Howard Webb (Ing)
Bayern: Neuer; Lahm, Boateng, Badstuber, Alaba; Schweinsteiger (Muller, m.61), Luiz Gustavo; Robben, Kroos, Ribery; y Mario Gómez.
Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Pepe, Sergio Ramos, Coentrao; Khedira, Xabi Alonso; Di María (Granero, m.80), Özil (Marcelo, m.69), Cristiano; y Benzema (Higuaín, m.84).
Goles: 1-0, m. 17: Ribery. 1-1, m. 53: Özil. 2-1, m. 90: Mario Gómez.
Incidencias: Encuentro de ida de las semifinales de Liga de Campeones, disputado el Allianz Arena lleno, con 70.000 espectadores en sus gradas.
El Real Madrid va rumbo a semis
marzo 27th, 2012 by Gustavo Rojas Bogarín
El Real Madrid encarrila en Chipre los cuartos de final de la Champions con goles de Benzema (2) y Kaka. Mourinho sorprendió de salida con Sahin en el once titular y acertó de lleno con sus cambios. El APOEL, correoso pero sin calidad.
El Madrid pone rumbo a las semifinales de Champions tras un ejercicio repleto de oficio en el que los destellos se hicieron esperar. El equipo blanco dejó los lujos para el Bernabéu y tumbó al APOEL en su casa a base de paciencia, inteligencia y tenacidad. Fue otra versión del Madrid. Tan brillante como la usual. Hizo lo que debía, aunque no disfrutara como en otras noches en la búsqueda de su objetivo. Desgastó al APOEL sin acelerarse con la intención de crear huecos, y cuando logró debilitar sus garras comenzó a minar su moral a base de oportunidades. Hasta que la insistencia trajo los goles. Dos de Benzema y uno de Kaká. Un plan aderezado por una revolución de dos suplentes que permite, de un plumazo, dinamitar a un rival sin maldad y dar más tiempo para pensar en una Liga encarrilada.
El éxito labrado en el último tramo del duelo, con los suplentes al abordo, dividirá a los que piensen que todo consistía en un plan perfectamente ideado por Mourinho y a los que consideren que fue fruto de la simple inercia de una superioridad. Sea como fuere, lo cierto es que Marcelo es más que Coentrao (y a mejor precio), que el Madrid se mueve mejor con un ariete puro que con dos y que obtiene resultados más brillantes cuando es más valiente que reservón. Los cambios introducidos con media hora por delante dieron al Madrid otro brío, sobre todo en el carril izquierdo. Kaká, que entró por Higuaín, fue clave en el centro del 0-1 y en el remate de la sentencia. Marcelo, que sustituyó a la misma hora a Coentrao, fue una pesadilla para sus rivales. El partido exigía entradas por la banda y se echó de menos al brasileño demasiado tiempo. ‘¡Nunca mais!’ El segundo tanto no lo hizo él pero fue suyo. Ellos lideraron una victoria que comenzaba a oler a empate.
Primer tiempo con dominio y sin acierto
El Madrid comenzó su labor de desgaste sabedor de lo que se encontraría. Movió sin prisa aunque a veces sin precisión. A pesar de la falta de continuidad en el juego, llegaron las ocasiones. Özil tuvo una de volea con la derecha. Higuaín otra de cabeza. Y Cristiano una más desde lejos. La distancia desde la que tanto le gusta probar y que tan nervioso pone a los porteros. Sin embargo, fue Benzema el que primero pudo transformar tanto dominio en forma de goles. La jugada la inició Cristiano desde su habitual posición entre líneas. El portugués sobó el balón hasta que Sahin le dobló por la izquierda al espacio creado en el área. Y allí, donde se distinguen los artistas de los peones, marcó las diferencias. Sahin puso de primeras un centro raso y preciso a Karim que éste despejó cuando lo sencillo era machacar a puerta vacía.
El Madrid no se desesperó porque su rival no le inquietó jamás y sabía, como sabíamos todos, que si no murió entonces, ya morirá. Salvo inmolación blanca, el Bernabéu se comería a un equipo tozudo sin más calidad que la necesaria para pasar al campo enemigo. Con esa certeza y tranquilidad encaró el Madrid el reto que se le presentaba. El APOEL nunca llegó al área y para un córner del que disfrutó, lo sacó en corto. Increíble. Ailton, una isla en la delantera, mostró virtudes de espaldas a portería. Pero le faltaron amigos con los que asociarse y centros al área por los que pelear.
Esa superioridad le valió a Sahin, la sorpresa del once, para ir reencontrándose con sensaciones sin estresarse. El turco fue de menos a más y en su primer examen de tronío dejó patente que tiene argumentos futbolísticos para jugar más que entrenar. Empezó tímido y acabó mandón. Únicamente echó en falta más físico y, hasta que Marcelo saltó, se acordó de muchos laterales de más recorrido con los que combinar para poder ir de banda a banda dando apoyos y ofreciendo soluciones.
Marcelo y Kaká al rescate
Ante el empate, urgían soluciones ofensivas, y algunos intuimos que el problema añadido de poner a toda la artillería de inicio desaconsejaba la entrada de cualquier revulsivo: porque sólo podría empeorar el panorama y debido a que el elegido tendría mucho menos gol. Error que nos señala y que encumbra a Mourinho. Lo único que no cambió fue el APOEL, que siguió a lo suyo, sin pegar un pelotazo y queriendo presentarse ante Casillas hilvanando sin saber. El resto, fue una verdadera metamorfosis. Marcelo aportó más nervio y Kaká la necesaria movilidad. Con ellos sobre el campo llegaron los goles y la calma. Benzema en dos ocasiones, una de cabeza y otra a bocajarro, y Kaká dejaron la eliminatoria finiquitada. Un resultado que deja al Bernabéu impaciente de semifinales y que enseña el camino: los mejores, siempre al pasto.
(alfredo matilla – as)
DETALLES
Estadio: GSP de Nicosia
Árbitro: Felix Brych (ALE)
Apoel: Chiotis; Poursaitides, Oliveira (Kaká, m.13), Paulo Jorge, Boaventura; Nuno Morais, Helio Pinto (Solari, m.72), Charalambides, Trickovski, Alexandrou (Sousa, m.46) ; y Ailton
Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Pepe, Ramos, Coentrao (Marcelo, m.63); Khedira, Sahin (Granero, m.84), Özil; Cristiano Ronaldo, Higuain (Kaká, m.63) y Benzema.
Goles: 0-1, m.76: Benzema. 0-2, m.82: Kaká. 0-3, m.90: Benzema.
Incidencias: encuentro de ida de los cuartos de final de Liga de Campeones, disputado en el GSP de Nicosia lleno, ante la presencia de 23.000 espectadores.
Real Madrid con “clasificación congelada”
febrero 21st, 2012 by Gustavo Rojas Bogarín
CSKA Moscú 1 – Real Madrid 1.- Un gol de Wernbloom en el tiempo añadido desactiva el tanto de Cristiano en la primera parte. Benzema se tuvo que ir lesionado en el minuto 12. Fracaso de Coentrao como lateral izquierdo.
El Real Madrid regresó a la Liga de Campeones con su versión más pragmática. Interpretó el compromiso con solvencia hasta la última jugada, hasta que Fabio Coentrao, un lastre para el Madrid durante toda la noche, cometió una falta por mano absurda y permitió que Wernbloom batiera a Casillas después de aprovechar un despeje nefasto de Arbeloa y diera esperanzas al CSKA en una eliminatoria que el Madrid no supo dejar cerrada cuando debió hacerlo. Un nuevo gol recibido en el saque de una falta, un nuevo fallo de concentración. Un error que se repite una y otra vez y para el que Mourinho, de momento, no encuentra respuesta. No obstante, ese gol no debería ser más que una anécdota en esta eliminatoria que deberían superar los españoles salvo descalabro monumental en el Bernabéu.
Hay que entender el empate como un accidente, pero como un accidente que se pudo evitar. Hasta entonces, el Madrid ni sufrió ni había visto peligrar un triunfo que creía asegurado. Llámenlo exceso de confianza o falta de concentración. Todo vale.
El frío y el césped artificial se presentaban como los principales enemigos de este partido, mucho más molestos que un CSKA falto de rodaje y de ideas. Una vez adaptado a una temperatura bajo cero y al particular bote del balón, el Madrid manejó la situación a su antojo, con una autoridad que esta vez no se la dio el juego, sino el enorme respeto que infunde en el rival y su indiscutible superioridad física.
El panorama lo terminó de aclarar Cristiano con la inestimable ayuda de Higuaín, que se inventó una jugada de gol donde había muerto un ataque de su equipo. Lo que se había presentado como un viaje infernal, con grave riesgo de congelaciones físicas y anímicas, el Madrid lo convirtió en un trámite, en una excursión aburrida hasta que Coentrao facilitó el ya comentado empate de Wernbloom.
No se vio la versión más lucida del Madrid, ni más lúcida, pero el equipo de Mourinho había sabido manejar el partido con solvencia. Puso las bases de ese dominio en su sólido orden táctico, que sólo perdió en la última acción a balón parado, y utilizó el balón más que para crear, para distraer al CSKA y disuadirlo de cualquier aventura cerca de Casillas, que hasta el remate de Wernbloom había pasado una noche sin más preocupación que la de mantener el calor en su cuerpo.
El Madrid no se recreó esta vez en el toque, pero cuando enlazó tres pases seguidos dejó al aire todas las carencias del CSKA. El termómetro a bajo cero era su gran aliado, un argumento que se reveló tan débil como insuficiente para mantener cualquier tipo de conversación futbolística del Madrid, cuya autoridad fue incapaz de discutir el equipo ruso, claramente inferior en el juego y en lo táctico.
Costó encontrar un dueño para el partido. El CSKA no tenía el menor interés, ni la capacidad, por llevar el mando y el Real Madrid tardó en hallar su sitio, pero cuando cogió temperatura ya no dejó de mandar. Sin grandes alardes, pero sin sufrir. Los rusos, faltos de rodaje y lejos de su mejor forma física, se protegieron atrás, arropando a Chepchugov. Lo fiaron todo a la velocidad de Musa y Tosic en la bandas y al talento de Dzagoev y Doumbia. Fueron respuestas tan eléctricas como aisladas, que apenas asustaron a Casillas. Sólo un disparo de Dzagoev provocó cierta inquietud en el primer tiempo. En el segundo, sólo una aislada aparición de Musa nos recordó que el Madrid había viajado con portero.
El encuentro se desarrolló lejos del área del Madrid, todo se ventiló en el centro del campo, por el que se perdió Khedira, y por la zonda del campo que pisó Cristiano, mucho más enchufado que Özil y Callejón, dormidos en la primera parte y que sólo se activaron en la segunda. Acabaron sustituidos por Albiol, que volvió a sentirse futbolista aunque sólo fuera por unos minutos, y por Kaká.
Fue Cristiano el encargo de traducir en gol el mando del Madrid, aunque la culpa fue de Higuaín. El argentino le robó el balón al despistado Vasili Berezutski, se lo cedió a Coentrao y el mal centro de éste lo acabó convirtiendo en gol Cristiano después de un despeje todavía peor de Tosic. El reloj se acercaba a la media hora y ahí se acabó lo más parecido a un partido. La hora restante no fue más que un trámite manejado con oficio por el Madrid hasta la última acción del choque, cuando derribó todo lo construido hasta entonces.
Con todo, el gol encajado no fue la peor noticia para el Madrid, que perdió a Benzema a los doce minutos. Se lesionó en lo que pareció un problema muscular en el primer tiro a puerta de su equipo. Más grave para el Madrid es perder al francés que conceder un empate en una eliminatoria que debería superar sin problemas. (as)
DETALLES
Estadio olímpico Luzhnikí
Árbitro: Bjorn Kuipers (HOL)
CSKA Moscú: Chepchugov; Shénnikov, V. Berezutsky, Ignashévich, A. Berezutsky; Aldonin (Honda, m.67), Wernbloom; Dzagóev, Tosic (Necid, m.82), Musa (Oliseh, m.63); y Doumbia.
Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Coentrao; Khedira, Xabi Alonso; Özil (Albiol, m.84), Callejón (Kaká, m.75), Cristiano Ronaldo; y Benzema (Higuaín, m.15).
Goles: 0-1, m.28: Cristiano Ronaldo. 1-1, m.93: Wernbloom.
Incidencias: partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones disputado en el estadio olímpico Luzhnikí ante 70.000 espectadores (casi lleno). Los aficionados rusos lanzaron desde uno de los fondos varias bengalas en los primeros minutos que cayeron el terreno de juego cerca del portería defendida por Casillas.
NAPOLES 3 – CHELSEA 1
Lavezzi, que nunca había hecho un gol en Champions League, le metió dos al Chelsea por la ida de los octavos. Así, el Napoli, que empezó perdiendo por Mata, ganó 3-1 (Cavani metió el restante) y sueña con clasificar.








