Passarella asumió como presidente… y River ganó

diciembre 11th, 2009 by Gustavo Rojas Bogarín

Ya se nota la mano de Passarella en River… Desde el palco vio la victoria con goles a lo Kaiser: penal de Buonanotte y hermoso tiro libre de Abelairas, ambos de zurda, en el mismo arco en el que había metido el último de su carrera. Eso que Racing había jugado mejor en el primer tiempo. Lo tiene de hijo.

A Racing le había sobrado fútbol, tenencia de la pelota, para hacer que River pasara un mal momento en el Monumental. Se había empezado a ver la mano de Claudio Vivas en el circuito futbolístico de sus players. Una mano que se disipó cuando en el horizonte, y post penal no cobrado a Ramírez, aparecieron los deditos de Lucero y la claridad pasó a ser nubarrones negros. El zurdazo de Buonanotte desde los doce pasos cambió el trámite del partido y lo bien que había salido la Academia a buscar el monumentalazo, terminó en desorden, en un caos de desesperación.

Ya no la tenía Yacob. Ya no metía esos pases cruzados, al vacío, Grazzini. Falcón, perdido sin la pelota, se hacía amonestar. Todo gris para un Racing que en el comienzo sentía olor a amapolas. Ahora aparecía el Enano, se soltaba Villagra y Almeyda se hacía dueño del medio. Como si enfrente estuvieran todos bajo la vista de Medusa. Las camisetas blancas y celestes parecieron estatuas después de que Abelairas la mandara a guardar al ángulo y, como un fantasma de los que siempre vuelven en las almohadas de los de Avellaneda, hiciera decaer toda una media hora de trabajo y transpiración.

Porque si hay algo a lo que este Racing está acostumbrado es a que se le irriten las axilas de sudar. Una vez que había tenido esa fluidez que buscó durante todo el torneo, el destino le deparó dos golpes en tres llegadas (en una, De Olivera le puso la cara, literalmente, a un disparo de Bou), de esos anímicos. Un testazo atrás del otro y a otra cosa mariposa. Porque a partir de ahí mandó River, el River que quería salir victorioso en el debut del mandato de Daniel Passarella. Igual, mala suerte para Kaiser, presente en los palcos como si fuera un técnico que está a punto de ponerse la banda, que tuvo que sufrir en el final: dos erradas de Steinert (un mano a mano y otra a la carrera) y una gran tapada de Vega a Caballero. Eso fue el último empuje que tuvo el visitante.

Al local le había hecho mal salir a la cancha creyendo que era más que su rival. Algo que era ilógico, loco si se quiere. Pero qué otra queda cuando, contra viendo y marea, por mar, cielo y tierra, se intenta y las respuestas son un jab, un cross y un gancho al mentón. Empalagosas habían sido las victorias ante Estudiantes, Banfield y Tigre. Confianzudo, con fe en sí mismo, Racing consiguió una media hora que proclama un futuro prometedor. Por ahora, River, con más fortuna que buen juego, se encargó de mantenerlo con los pies sobre la tierra. (olé).

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