Pase gol del Pájaro y Benítez le ganó a Osvaldo Martínez

mayo 2nd, 2010 by Gustavo Rojas Bogarín

damian-alvarezpachucaMy2El Pájaro Edgar Benítez sigue siendo tan importante para el Pachuca. El delantero paraguayo, integrante de la selección albirroja conducida por el Tata Gerardo Martino para el Mundial Sudáfrica 2010, hace días le dió el título y pasaporte al Mundial de clubes a su equipo y este domingo, aportó el pase gol para otra victoria de su equipo. El Campeón Monterrey se quitó la corona y la puso en juego. Frente a Pachuca inició la batalla rumbo a un Bicampeonato que no se ve imposible, pero que este domingo, después de caer ante los de Hidalgo sí se muestra lejano.

El Pájaro le ganó el duelo a su compatriota y también integrante de la selección paraguaya, Osvaldo Martínez. Benítez jugó hasta los 76 minutos, Osvaldito hasta los 71.

Víctor Manuel Vucetich no pudo hacer que su equipo se viera implacable, y terminó por cederle la iniciativa y terreno al equipo de casa. Pachuca con las fuerzas renovadas tras la obtención del Título de la Concachampions, aprovechó el calor de su gente para poner la pizarra 1-0; sin embargo, falló de más porque pudo haber matado a un equipo que tendrá la revancha en el Tecnológico.

Damián Álvarez marcó el gol solitario, el que le dio la pauta a los Tuzos para atacar. Pero Jonathan Orozco estaba ahí, no pudo hacer más para evitar la caída de su marco cuando la redonda salió de los pies de Damián, pero después, fue soberbio.

Monterrey tendrá una nueva oportunidad de defender su Título y pelear por una nueva corona para dejar a los Tuzos, en la fase de Cuartos de Final, sólo necesita un triunfo, pues aunque se empate el marcador global, tiene a su favor el voto por haber quedado como primero en la Tabla General. Pachuca con un 0-0, o un triunfo, dejará al Campeón con la cara al césped.

EL PARTIDO

Pese a que jugaban el octavo contra el primero, Pachuca no se achicó porque en los últimos tiempos se ha afianzado como uno de los equipos que más se ha acostumbrado a la gloria.

Monterrey atónito observó cómo los Tuzos comenzaron a faltarle al respeto. En la cancha no importó la corona que portaba con orgullo y el futbol equilibrado que acostumbra terminó por ceder ante el equipo de Rivarola.

Parecía que los Tuzos habían perdido fuerza porque a mitad de semana tuvieron que librar una batalla, frente a Cruz Azul, para proclamarse como los mejores de la Concachampions, sin embargo, fue todo lo contrario.

Tan sólo al minuto dos, Edgar Benítez recibió un balón de Damián Manso que Orozco logró impedir estirando la pierna, el peligro era inminente, Monterrey no se iría vivo del Hidalgo. Poco a poco los hilos del medio campo se fueron desenredando para darle a los Tuzos la pauta en el ataque.

Así Pachuca encontró el camino; Correa le había ganado la batalla, al orquestador regio: Luis Pérez. Los Tuzos comenzaron a tener mayor movilidad y velocidad y por eso el gol no tardó en llegar. Edgar Benítez y Damián Álvarez se hicieron cómplices y en una jugada a base de pared y el argentino logró bombear el esférico para que Orozco sólo fuera un testigo más de la jugada.

Justo en ese momento, cuando el balón terminó por cruzar la línea de meta, Orozco entendió que tendría que ser el héroe del partido si deseaba proteger las esperanzas de los regios. El arquero de Rayados tuvo así que encomendarse a fuerzas divinas porque la cascada hidalguense intentó fusilarlo.

Llegaron así el disparo de Benítez que Orozco tuvo que sacar a dos puño, el de Brambila en el que el arquero tuvo que recostar para impedir que cayera su marco, el remate de cabeza del paraguayo que con una mano el arquero desvió y el mano a mano contra Damián que el portero terminó ganando; fueron tantas que perdió la cuenta, se quitó los guantes y se puso el traje de héroe.

Monterrey se convirtió así en un testigo del juego, pues aunque llegó de manera clara en tres ocasiones, con Neri Cardozo y dos veces con Paredes, una de ellas de último minuto, jamás tuvo la fuerza para hacer temblar el marco de Miguel Calero. Pachuca terminó por dar el primer golpe. (mediotiempo).

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