La panza de Néstor Ayala vale gol y triunfo

febrero 13th, 2010 by Gustavo Rojas Bogarín

nestorayalaEl paraguayo Néstor Ayala volvió a marcar. El Tigre de Caruso quiere ganarse el amor de sus hinchas: Ayala puso el vientre, Luna la metió de penal y así llegó a la punta ante un Arsenal demasiado tierno. Ayala juegó hasta los 11 minutos del segundo tiempo. Su gol fue a los 10 del primer periodo.

Mirá vos, justo en la previa de San Valentín. Qué cosa, che, ni que Migré hubiese escrito el guión del partido: pero el fútbol es así, esta vez lo más parecido a una relación, porque el feeling de los hinchas de Tigre y su equipo venía algo distante, mientras del otro lado había enamoramiento tras la goleada a Racing. Pero fue el Matador el más romántico, con la panza de Ayala (¡qué dulce!) y con Luna, tan grande como el famoso satélite que suele robarse todos los suspiros.

Los fuegos artificiales que el equipo de Burruchaga había tirado ante Racing parece que se acabaron en Avellaneda. Anoche hubo otra versión. Esta vez, el plan con Jara casi de mediapunta (esta vez no desquilibró nunca) y Obolo como faro de área no funcionó: y la falla quedó en evidencia rápidamente, porque el Bati no pesó como nueve, no hizo pesar su porte y sólo ganó una vez de arriba. Entonces, los pocos centros que el local pudo meter en la quintita de Islas no tuvieron consecuencias. Apenas quedara una aparición fantasmal de Poggi cuando se terminaba el primer tiempo.

Sin problemas para defender, Tigre supo leer bien el partido. Presionó en el medio y salió rápido, acaso la marca más distintiva de los equipos de Caruso. Y el trabajo de albañil que hicieron Castaño y Ayala dio frutos porque del otro lado los volantes de Arsenal rotaron todo el tiempo, siempre sin una posición fija, tanto que se perdieron varias veces y ahí el Matador metió la garra. De una pelota que robó Leyes (luego fue a buscarla y tiró el centro), llegó el panzazo del paraguayo, una definición extraña pero contundente.

Lo que Arsenal no entendió nunca fue que siempre es aconsejable atacar por distintos lugares, mientras que ayer monopolizó todos los intentos de ataque por el lado de Arruabarrena, un tipo con experiencia, que conoce las mañas. Del otro lado estuvo Leyes, un central que Caruso camufló en lateral: sin dudas, deberían haber buscado el error de un alguien que no siente el puesto. Hay que avivarse.

Ante la pasividad de una delantera más liviana que una galletita de arroz, Burruchaga movió las fichas con ambición: puso a Leguizamón y se la jugó con tres puntas. La respuesta de Caruso llegó con su sello: afuera Ayala, adentro Blanco, un cinco de lucha. Esta vez, el destino le guiñó el ojo a Tigre: porque al minuto de un cambio conservador que podría haber traído cola, Espínola hizo un penal infantil.

Con el 2-0, Tigre se replegó y jugó con los espacios a su favor. Era cuestión de liquidarlo o sufrir un poco. No lo liquidó ni pasó sustos. Igual, la panza y la Luna ya eran un hecho irrevocable, un acto de amor.

En otro juego, Rosario Central y Chacarita Juniors igualaron 1 a 1.

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